sábado, 25 de septiembre de 2010

Jorge Yamamoto, fotógrafo evolucionista


Uno de los profesores más conocidos de nuestra facultad, ya sea por sus esquemas integradores o por el halo misterioso que lo envuelve, es definitivamente Jorge Yamamoto, profesor del curso de Psicología Social. Jorge es conocido tanto por aquellos valientes que decidieron llevar el curso con él como por aquellos que decidieron optar por otro camino (creyendo quizás que este camino sería  aparentemente menos riesgoso para así no bajar su promedio...). 
Esta entrevista les revelará datos nunca antes conocidos del estimado "Yami", datos que nos sorprenderán, como sus inicios pertenecientes a un campo distinto al de la Psicología -la filosofía-, los proyectos en los que ha trabajado, su vivencia como profesor a lo largo de estos años, su incursión en la fotografía, así como sus actuales proyectos de investigación.
El "Yami", quien se caracteriza según sus propias palabras como una persona autodidacta, contribuye de forma destacada a la Psicología al llevar a cabo investigaciones acerca de temas innovadores, como su reciente estudio sobre “el estrés en el ataque a la cumbre del Everest solo y sin oxígeno”.    
Es por todo esto que esperamos que al leer esta entrevista se contagien de la pasión que siente Jorge Yamamoto por nuestra carrera y además, que puedan asumir sus logros como una fuente de motivación que comprueba que no importa que tengas diferentes intereses, siempre puedes integrarlos. 
Sin más, los dejamos con esta interesante entrevista, ¡disfrútenla!

Bueno, lo primero es ¿cómo así decidiste estudiar psicología?
(Risas) Yo en verdad primero estudié filosofía. Tenía un diploma en filosofía y fue muy interesante. Estuve muy satisfecho con eso, pero tenía la opción de seguir estudiando filosofía . Pero creo que uno nunca termina de estudiar algo, ¿no? Más o menos ya me había quedado claro todo ese tema del origen del conocimiento, de los ejes, de la base de todo conocimiento, la parte epistemológica, ontológica, la ética, etc., pero estaba percibiendo que estaba yéndome ya muy en lo abstracto, muy en lo etéreo y dije: ahora vamos a hacer algo distinto, vamos a dejar de estudiar los ideales y me voy a dedicar a estudiar lo más concreto y real. Entonces, estaba entre la posición cultural de la antropología, pero la psicología me pareció mucho más concreta y real; no solamente las magníficas expresiones de la cultura, sino las paupérrimas manifestaciones de la conducta humana, pero no necesariamente con un sesgo patológico, sino estudiar tanto lo normal como lo “anormal”, sin juzgarlo en cuanto a sus ideales o aspectos éticos, para que luego desde esa fase pueda generar una integración. Así termine en psicología. Pensé ¿cómo se llama esto? y le puse el nombre de psicología.
Después de estos años y teniendo en cuenta que tienes varios intereses ¿por qué sigues con la línea psicológica?
Si bien sigo en la línea psicológica, esta línea ha venido evolucionando porque yo posteriormente hice una maestría en antropología y ahora estoy terminando un doctorado en algo que podría denominarse “Biología Evolucionista Conductual”. Entonces, el eje psicológico continúa pero no se ha quedado, digamos, en la psicología. Especialmente en los últimos años he trabajado mucho la cuestión  evolucionista, la genética molecular y las neurociencias, integrándolas con la parte psicológica y antropológica.

¿Y dónde realizaste tus estudios tanto de pre-grado cómo de post grado?
El pre-grado lo hice acá en Católica. Luego, el post-grado y el doctorado en antropología también los hice en Católica. El resto de cosas, que son probablemente la mayoría,  han sido autodidactas. Si tuviese que ponderar mi aprendizaje, le daría un quinto de peso a mi educación formal y el resto a mi formación autodidacta. Un caso ilustrativo fue que yo ingresé en Inglaterra a un PhD porque quería estudiar modelos de ecuaciones estructurales, ya que era una herramienta muy poderosa para los estudios integradores que estaba haciendo en esa época. Ya adentro, asentado en Inglaterra, me dijeron, previamente a la fase de integración teórica, que ellos no me podían enseñar eso, que tenía que ir a EEUU a estudiar ese tema. Pero, por motivos personales y de calidad de vida, no tenia planes de vivir muchos años en EEUU. Entonces, aproveché la coyuntura de un proyecto, donde contratamos a un matemático que trabaja en EEUU, y en ella pude aprender esos modelos de ecuaciones estructurales. Entonces, gran parte de mi formación ha sido autodidacta.

Y ese espíritu autodidacta, ¿fue de algún modo alimentado por la universidad, o sientes que es una cuestión más personal?
Yo creo que ya vine con eso, porque antes de llegar a la universidad yo ya era fotógrafo profesional, y me hice fotógrafo profesional de manera autodidacta. Entonces, ya tenía el hábito de comprar libros y leer permanentemente revistas. También me dedicaba a algunas actividades de tiempo libre en las cuales no había educación formal y estaba forzado a  la "autodidáctica” (risas). Yo creo que ya vine un poco con el tema, y eso se aplicó rápidamente. Al igual que las motivaciones de vuestro grupo, percibía una formación no suficiente que debía ser complementada, y si esperaba que eso fuera complementado institucionalmente me volvía viejo, y la fui complementando por mi cuenta.

Veo que tienes intereses diversos, ¿has podido integrarlos en su quehacer psicológico o has tenido que llevarlos a cabo cada uno por separado?
¡Que buena pregunta! De hecho, yo postulé para Ingeniería Electrónica y Filosofía la primera vez, cuando salí del colegio. En mi consejo vocacional había una amplia posibilidad de carreras que podía salir, entonces para mí fue difícil elegir entre ciencias y letras. ¿Cómo he hecho? Yo creo que he estado tratando de ser fiel a mis intereses, desarrollar una suerte de relación poligámica con ellos, y mantenerme con la...bueno, este no es un buen ejemplo, y mantenerme...bueno, sí es un buen ejemplo, porque los intereses son como matrimonios, pero la poligamia, obviamente, no es algo correcto ni tampoco es un ideal mío, de ninguna manera. Pero en términos estrictamente profesionales, vocacionales, yo trataba de ser fiel con todos esos amores y mantener esas vías, no paralelas, sino múltiples e integradas, y con el tiempo vas  encontrando la forma de cómo integrarlas. En una primera fase tú las integras en tu vida personal, es decir, ya no tienes tiempo de tomar fotografía profesionalmente, pero sigues tomando fotografías en tu tiempo libre. Pero de pronto te das cuenta que haces un registro gráfico que termina siendo muy valioso porque en muchas oportunidades es la primera vez que se han registrado determinado tipo de fiestas o rituales, y eso a la vez te ayuda a documentar mejor tu trabajo. De pronto, encuentras que hay algo que se llama antropología visual. Cuando trabajaba de fotógrafo, por ejemplo, iba a comunidades campesinas muy remotas, tenía contacto con estos campesinos, y de pronto estaba estudiando psicología, y lo que me decían acerca de la conducta rural no tenía nada que ver con lo que yo había observado. Después, escuchaba las teorías y me daba cuenta de que éstas no tenían ningún sentido con la convivencia que había tenido con los amazónicos, con la gente. Estuve trabajando una época tomando fotos con los mayas lacandones en la frontera entre Guatemala y México, y no tenía nada que ver con lo que yo había observado, y dije "a ver, a ver, vamos a ver que pasa". Así comencé a hacer investigación en pequeñas comunidades tradicionales en mi curso de métodos en psicología; luego, tenía un interés por la cultura y por el comportamiento. Al final no tuve que optar entre psicología y antropología, sino que hice primero una y luego la otra. También tenía un interés por el nivel de productividad y calidad que se gestiona en las empresas, pero también un interés por la calidad de vida en las pequeñas comunidades tradicionales. Con el tiempo pude integrar eso en los estudios de bienestar que tienen muestras tanto en pequeñas comunidades aisladas como en organizaciones. Yo creo que si uno va siendo fiel con sus propias motivaciones y pasiones personales, vas avanzando y en algún momento las cosas llegan a converger, a veces en los momentos y condiciones más inesperados. Creo que en este tipo de cosas los caminos paralelos no es que se intercepten en el infinito, sino se interceptan solo un poco más allá de lo que ves en ellos. Tienes que pasar un par de colinas y de pronto las líneas empiezan a interceptarse.

Y en este momento, ¿en cuál de estas múltiples disciplinas en las que te has desempeñado se encuentra tu línea de investigación?
Bueno, ahora ya estoy en la fase integradora, y, si tuviera que definir mi línea,  yo diría que es la “Biología Evolucionista Conductual”, que tiene mucho de psicología, mucho de neurociencias y mucho de antropología.

Dentro de esta línea de investigación, ¿en qué proyectos te encuentras o te has encontrado trabajando?
En unas cosas bien locas ahora (risas). Más o menos entre el 2003 y el 2007 estuve estudiando el bienestar en pequeñas comunidades tradicionales con una muy alta calidad de vida: comunidades amazónicas, andinas, pequeñas comunidades tradicionales en Tailandia, en Bangladesh, en Colombia, etc., pero creo que me estoy desviando. Concretamente, hay un proyecto que estoy desarrollando y es "adaptaciones del ser humano en condiciones muy adversas de vida", que es de alguna manera lo contrario a lo que estuve haciendo en estos años. En esta línea, estoy trabajando no solamente las medidas psicométricas que hicimos en los últimos años, sino también el tema de los biomarcadores. Un estudio que acabo de terminar tiene que ver con lo siguiente: estudios muestran sistemáticamente que la soledad, el riesgo de vida y el poco control del entorno son las condiciones más estresantes y nocivas para el ser humano. Acabo de terminar un estudio sobre el estrés en el ataque a la cumbre del Everest solo y sin oxígeno. Entonces ahí se junta todo: poco control del ambiente, porque ahí caen avalanchas y se mueren a cada rato al año; puedes entrenar y todo lo demás, pero vienen los vientos monzónicos y no puedes salir ni de la carpa. Anualmente muere un montón de gente. Es más, en el experimento que hicimos, encontraron un muertito en el camino y tuvieron que llevarlo a enterrarlo. A enhielarlo más que enterrarlo, porque ahí no hay tierra. Ahí no utilizamos medidas de estrés subjetivo porque son bien relativas, entonces usamos dos biomarcadores. El estrés funciona con dos sistemas. En el eje HPA, el cortisol libre en la saliva es un excelente marcador. El otro sistema es el SAM, y el alfa-milasa es otro excelente marcador. Entonces, hemos hecho el primer estudio mundial por encima de la zona de la muerte. La zona de la muerte es por encima de los 7400 metros de altura,  donde ya no podrías aclimatarte, simplemente te vas muriendo. Hemos hecho la medición del alfa-milasa salival en todo el ataque a la cumbre, y los resultados son en verdad bien alucinantes. En esta misma línea también hemos hecho un estudio con un pequeño grupo que ya no se fue a la cima del mundo, sino a la sima con "s". En Tarma hay una cueva que hasta el año pasado no había sido explorada en una parte. Está a mucha altura, con aguas congeladas y en condiciones de espacio mínimas. Es tan pequeña la cueva que tienes que arrastrarte durante horas en una mezcla de barro con agua helada. Hay una parte en la que tu cabeza ya no entra y tienes que inclinar la cabeza para seguir pasando. Hay otras partes en las que tu pecho se presiona porque ya no entra, y te quedas atracado. En fin, es una cosa realmente bien estresante. Ahí hemos hecho otra medición con marcadores biológicos de cortisol y de alfa-milasa, comparando sujetos rurales con sujetos urbanos. Porque el bienestar no es solo vivir en un lugar idílico, sino saber enfrentar las condiciones duras de la vida. Actualmente estoy continuando los estudios que hemos hecho en diferentes sitios al interior: la pituquería limeña, las zonas violentas, la Amazonía, la costa norte. Estamos haciendo estudios longitudinales de bienestar, pero le estamos añadiendo biomarcadores. Estamos haciendo una medición que se llama “Respuesta de Cortisol al amanecer”, es un muy buen indicador de la activación del HPA, que es un subsistema del bienestar. También estoy trabajando en un grupo de investigación internacional organizado por los mexicanos, en el que estamos viendo un sistema alternativo de medición del desarrollo, porque esto del Banco Mundial y del desarrollo de las Naciones Unidas está muy criticado y queremos hacer una propuesta alterna desde Latinoamérica.  Para ellos estoy trabajando un paper que tiene que ver con una medición alternativa basada en indicadores culturalmente relevantes de bienestar, junto con biomarcadores. En octubre estoy viajando a México para presentar esta conferencia y este paper. Básicamente en eso. Trabajando también en medidas alternativas, en medidas más integradas, no solamente cortisol libre, sino otros indicadores y biomarcadores.

¿Sientes que dentro de tu especialidad, que es la Psicología Social, tienes alguna corriente teórica que guíe tu trabajo?
Mi epistemología va en contra de esto. Yo creo que primero hay que entrar a conocer una realidad con la menor cantidad de prejuicios posible (aunque, lamentablemente, para el ser humano es imposible hacerlo sin prejuicios), ver las cosas en su contexto y luego ir sistematizando la información para ver que teoría se ajusta más, si alguna lo hace. Entonces, yo en principio no tengo una teoría que inspire más mi trabajo. Lo que sí encuentro es que, en mi trabajo, los resultados coinciden más con algunas teorías que con otras. En algún momento, ya cuando hemos acumulado cierta data, hemos hecho un esfuerzo teórico integrador. Por ejemplo, he planteado en el 2008 una teoría multinivel del bienestar que de alguna manera defiendo, no porque yo la haya inventado, sino porque he llegado a esa conclusión, porque creo en ella: tiene dimensiones de neurociencias, dimensiones evolucionistas, dimensiones de adaptación. Pero tampoco me alucino ah, porque ya le he encontrado varios errores a la teoría y justamente estoy trabajando en algunas cosas alternativas.

A lo largo de tus años como profesor, ¿Qué cursos has dictado?
Yo he dictado cosas bien variopintas (risas). Primero, en facultades variopintas: yo comencé enseñando en Trabajo Social, he enseñado en Ingeniería Industrial, en Administración, en Psicología, en (Estudios Generales) Letras. ¿Qué cursos? Bueno, Psicología Social, Métodos de Investigación Social, Psicología Transcultural, un seminario sobre el Aporte de la Teoría de la Evolución en la comprensión del comportamiento humano, un seminario de Bienestar Subjetivo, Comportamiento de la organización en Administración, Comportamiento del Consumidor en Administración, Técnicas Grupales... En Ingeniería Industrial el curso se llamaba Tópicos de Ingeniería de Gestión, que tenía que ver con el manejo de las variables humanas en los procesos industriales. Básicamente esos.

¿Y tú has armado alguno de estos cursos?
En general, a mí me molesta trabajar con estructuras impuestas. Entonces, obviamente que reviso lo que se ha hecho antes, pero todos los cursos yo los he armado.

¿Y te has sentido más cómodo dictando uno u otro? ¿Hay un curso preferido, que te guste dictar o algo así?
 Yo creo que, por un lado, como diría Heráclito, nadie se baña en el mismo río dos veces. En un curso, un semestre puede ser maravilloso subjetivamente, y el próximo ciclo puede ser una tortura a tu bienestar subjetivo. Sería mejor no poner ejemplos concretos (risas). Pero en general, ¿qué podríamos decir? Mi experiencia en Ingeniería fue paradójica porque los alumnos en Ingeniería tenían el preconcepto de que los cursos de letras se aprueban así nomás, y son los cursos de ciencias los que se jalan. Entonces, lamentablemente, algunos se descuidaron y hubo ahí unas dificultades. Entonces, no duró mucho tiempo mi permanencia en Ingeniería. Sólo dos ciclos, probablemente. En Letras, los cursos que dicté de Psicología General eran muy gratificantes, porque tú llegabas a dialogar con una maravillosa ingenuidad de los estudiantes, que eran adolescentes que estaban descubriendo el mundo. Y esa frescura es tremendamente gratificante y enriquecedora. También me quedo con el entusiasmo de los Administradores de encontrar en la Psicología respuestas a los problemas de gestión, pero también, como era un curso de pregrado, encontrar respuestas a muchas interrogantes personales. Yo creo que la Psicología tiene de fascinante que, tarde o temprano, toca profundamente a las personas, y las toca positivamente, porque les explica qué sucede y les da vías alternativas para poder orientar sus problemas o sus metas que partan de problemas. Me quedo con la agudeza analítica de los alumnos de Psicología en algunas promociones, o mejor dicho, de algunos alumnos (risas) cuya proporción va variando de promoción en promoción. Es decir, esa cierta existencia relativamente torturada que genera una sensibilidad a la conducta humana que, cuando es contrastada con cierta investigación relativamente rigurosa, hace un contacto bien interesante y la gente se queda pegada con ciertos temas. Ese diálogo, ese pensar en voz alta que a veces se da en clases, genera un análisis de una agudeza, sensibilidad y sutileza que lo encuentras en muy pocos lugares, incluyendo conversaciones con pares profesionales. Me quedo también con el heroico compromiso de algunas trabajadoras sociales, que no estarán tan motivadas en un nivel de especulación teórica o científica muy alto, pero cogen cosas concretas y a la semana siguiente ya lo están aplicando en condiciones de vida muy difíciles con las cuales ellas trabajan. Me quedo también con el Seminario de Tesis, en donde al inicio damos, digamos, algún tipo de espacio para que el idealismo de los estudiantes, que a veces está un poco chancado (risas), pueda volar por algunas semanas. ¿A qué me refiero? Yo cuando era alumno sentía que me cortaban mucho las alas. Yo decía "Oye, hay que investigar la sierra y las comunidades más alejadas…" "No no, eso no se puede, eso todo el mundo quiere estudiarlo pero en la práctica eso es imposible", y finalmente no fue imposible (para mí). Yo creo que los alumnos también llegan a Seminario de Tesis y generan ideas brillantes que no han sabido ser encaminadas. Les han dicho "no, eso es imposible". Entonces, yo me quedo con el diálogo con los alumnos, cuando ves que eso es un espacio de reflexión y que luego eso puede ser encaminado de una forma concreta. Y, cuando se hace ese clic, el alumno tiene una motivación altísima para desarrollar su tesis. Luego, cómo se enfrentan a las grandes frustraciones y problemas metodológicos de su tesis, cuyo itinerario metodológico usualmente es encontrar problemas y solucionarlos. Y cómo luego de un proceso basado en talento, dedicación, esfuerzo y voluntad resuelven todos esos problemas y, siendo estudiantes de pregrado, algunos terminan haciendo unas tesis brillantes que aportan a la ciencia. Con eso también me quedo, con alumnos que reafirman su autopercepción de competencia y también con alumnos que descubren su competencia. Así que, con cada curso, cada área, cada especialidad, me quedo con recuerdos muy satisfactorios.

¿Y cómo has intentado potenciar ese diálogo analítico entre tus alumnos y tú en clase?
¡Que buena pregunta! ¿Cómo hago? (Silencio) Bueno, el silencio implica que no es algo tan planeado (risas). Me imagino que lo primero es el ejemplo. Es decir, en la medida en que tú te alucines con lo que estas enseñando, y que no te alucines porque te has leído una contratapa, sino porque tienes una idea y te pones a estudiar, leer, a investigar, etc., y te alucinas con el tema y les transmites eso, les transmites que el tema es interesante, que no solamente se queda en una conversación de cafetería, sino que hay investigación mundial pertinente sobre el tema. En la medida en que que lo vinculas con eso, yo creo que gente empieza a seguir la corriente y allí ocurre, espero (risas).

Y, por último, dentro de toda tu carrera profesional ¿Cuáles consideras que han sido los hitos que han marcado tu carrera?
¿Bueno y malos? ¿O solo buenos?

Ambos.
Quizás un hito inicial sea que yo ya era pata de nativos, campesinos, por este tema de la fotografía, y me daba cólera las tonterías que se hablaban: que es gente resentida, de bajo desarrollo cognitivo, que el Perú está mal por culpa de ellos, etc. Primero eso me molestaba mucho. Y segundo, me fascinaban las experiencias de vida de estos pobladores, donde encontraba unas lecciones de mucha sabiduría de vida. Entonces, yo creo que esa combinación me marcó para mi línea de investigación. De alguna manera, se trata de eso. No solamente criticarlos a ellos, sino aprender de sus cosas buenas y que eso tenga aplicaciones para la mejora de la calidad de vida en el mundo moderno. Por ejemplo, después de algunos años, el parlamento británico ha tomado parte de los resultados de nuestra investigación y los está desarrollando en políticas sociales en el Reino Unido. Y en algunas empresas estamos aplicando estos conocimientos para mejorar la calidad de vida. Y, de vuelta, también estamos bajando fondos internacionales y desarrollando metodologías para prácticas de desarrollo social comunitario en estas áreas. Yo creo que esto es un hito. Otro hito es una paradoja: en el ámbito más académico. Una cosa que a mí me desespera un poco es la falta de productividad y calidad. Tú te vas a una empresa altamente o moderadamente productiva y la gente tiene objetivos claros, un lenguaje común, un aprecio por el tiempo y por la productividad. Entonces, tú ves que las cosas van avanzando a un ritmo, las reuniones de trabajo tienen una agenda, una estructura, se llega a una conclusión y se va avanzando sobre esas conclusiones. Entonces, a mí medio que me desespera... en una empresa medianamente productiva vas a ver que la gente se tira una hora y media tomando café o la ves conversando por los pasillos la mayor parte del tiempo o no vas a ir a una reunión en la cual año tras año se plantea el mismo problema, se discuten las mismas cosas, se llega a la misma conclusión, pero no se implementa nada. Eso  me marca mucho negativamente. Pero, por otro lado, también me marca mucho, en el ámbito empresarial, el excesivo pragmatismo económico. Hubo una época en la que estuve trabajando la mayor parte de mi tiempo en consultoría a empresas y lo que me marcaba era el fin último: enriquecer a unas pocas personas. En el camino, por lograr eficiencia, reducías puestos de trabajo y cosas por el estilo. De ahí, hice un giro más a la parte de desarrollo social y de investigación pura. Pero también trato de desarrollar una línea de investigación y de trabajo que mantenga un ritmo de producción y de calidad al estilo empresarial. Sigo haciendo proyectos de consultorías a empresas, pero que tengan directamente que ver con mi trabajo de investigación. Y eso retroalimenta mucho porque me hace acordar como funciona una organización con objetivos claros, con metas agresivas, donde todo el mundo está a un ritmo de compromiso muy alto, etc. Yo creo que eso también me marca. Otro hito que me marca bastante es el desarrollo de la neurociencia evolucionista contemporánea. Son cosas que tu vas viendo y pasu, que bestia… no somos nada. Y creo que la psicología se está nutriendo y re-convirtiendo basada en ese conocimiento. Básicamente eso, los demás son hitos muy concretos y específicos, pero girarían en torno a estos grandes ejes que les he comentado.

Bueno, eso es todo. Muchas gracias por tu tiempo.
Esto ha sido un proceso de auto reflexión. A veces uno no se pone a pensar en estas cosas. Son preguntas interesantes, la siguiente pregunta es ¿qué hago acá? (risas).

1 comentarios:

Manuel Vargas dijo...

¡Qué buena entrevista! me imagino que el entrevistador/a ha estado pensando ¿qué pregunto qué pregunto?... aunque la pregunta más elemental igual hubiera desencadenado la vorágine de conceptos y reflexiones de este maestro. Sí debo decir que el título no se ajusta a lo que es, ponerle fotógrafo evolucionista ja ja ja, seguro han pensado en el título antes de la entrevista o lo ha puesto alguien que no ha leído ni oído la entrevista, entiendo que han querido generar una expectativa de novedad y oculto del personaje, pero está algo desatinado. Por otro lado en esta entrevista se deja ver los presupuestos y subjetividades de un investigador, pero que es un ser humano, y además un filósofo, y por tanto con una cosmivisión. Buscaré dónde venden sus libros. Manuel Vargas

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